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Entrevista a Ian Manook. Parte I

Os dejamos con la primera parte de la extensa entrevista que concedió Ian Manook, con motivo de su participación en Tenerife Noir 2017.

Ian Manook es periodista, editor y escritor. Ha trabajado desde la década de los 60 en los principales medios de comunicación del país galo. En la década de los 80 se centró en crear empresas relacionadas con la comunicación y la edición. Fundó una agencia de comunicación especializada en literatura y la editorial Tournon, de literatura infantil y juvenil.
Dentro de su prolífica carrera ha desarrollado guiones para cómics de humor, libros de viajes, novela juvenil que ganó el Premio Gulli 2012, además de otros títulos como Yeruldelgger, muertos en la estepa, ganadora del Premio SNCF du Polar 2014, el Premio de las Lectoras de Elle y el Premio de los Lectores de Quais du Polar/20 Minutes, entre otros.

¿Cómo fue el comienzo de tu carrera como escritor?

Siempre he escrito. La primera vez que escribí más de cien páginas tenía quince años. Pero durante cincuenta no terminé nada. Porque tenía que dirigir dos empresas, porque viajaba mucho y también porque era un poco perezoso. Escribía todos los días, trabajando sobre uno de los manuscritos empezados, y por la tarde me llevaba a casa lo que había escrito durante el día. Cuando Zoé, nuestra hija pequeña, tuvo edad de leer lo que yo escribía, le di mi producción de cada día. Luego, a los diecinueve años, se fue a vivir a Buenos Aires y le pregunté si quería que siguiera enviándole mis textos por Internet. Pero acabó enfadándose. Estaba harta de no saber nunca cómo acababan las historias o el destino de los personajes con los que se encariñaba. Me dijo que no volvería a leer nada mío hasta que no terminara algo. De modo que, en una especie de desafío, le respondí que, siendo así, escribiría dos novelas al año en un género distinto cada vez y con distinto seudónimo, e hice una lista: Ensayo, Novela juvenil, Novela literaria, Novela negra, Saga histórica, Novela social…Y funcionó. El gran éxito llegó con el cuarto de la lista, la novela negra. Pero escribí y publiqué los tres anteriores, ya he firmado para la saga histórica y la novela social está medio escrita, aunque entretanto he escrito otras dos novelas negras para terminar la trilogía mongola.

¿Cómo es tu proceso de escritura? ¿Planificas previamente cada paso, o te dejas llevar por el momento?

Escribo a partir de una idea. Escribo sin ningún plan, sin documentación previa aparte de mis recuerdos de viajes y sin volver nunca atrás. Pero la técnica más peculiar es que escribo las dos primeras escenas (los dos primeros capítulos) simplemente porque los tengo en la cabeza visualmente, sin saber para qué me van a servir dentro de la historia ni cuál es la relación entre ellas. La primera escena de Yeruldelgger, por ejemplo, me acompañaba desde hace unos veinte años. Ese pequeño pedal de triciclo que asoma en la estepa, lo imaginé varias veces asomando en Yoshua Trees, o en un banco de hielo de Groenlandia, o en un desierto de lava de Islandia…

Luego mi trabajo consiste en «tejer» la intriga hasta que esas dos escenas su unen para poder atacar el corazón de la novela. Por eso digo que escribo a la francesa, estilo torre Eiffel. Primero construyo los dos pies, que cuando se juntan se convierten en el cuerpo de la torre, y ya sólo tengo que subir hasta la cúspide. También tengo la costumbre, al menos en mis tres novelas mongolas, de terminar un capítulo a lo «western», con una caza del hombre, una carrera de persecución o un duelo.

¿Alguna manía o superstición que tengas a la hora de escribir?

Ninguna superstición. Para desencadenar todo el proceso de escritura, sólo necesito que me guste la primera frase. En cuanto a las manías, la única es que no puedo escribir rodeado de calma o aislado. Necesito gente y ruido a mi alrededor. Escribí las tres novelas mongolas en el trabajo, mientras dirigía a mis equipos.

Y una vez terminada la obra, ¿cómo es el camino hasta que lo ves publicado?

Una vez escrito, retomo el manuscrito allí donde lo he salpicado de palabras en rojo. Esas palabras significan:

-o que no estoy contento con una expresión o con el estilo y que hay que volver a trabajarlos

-o que tengo una duda sobre mis recuerdos y debo comprobar un hecho, una fecha, una cifra o un nombre

-o que me he embarcado en una digresión no prevista que quiero mantener, pero que me obliga a volver atrás y colocar algunos jalones para que el lector comprenda.

Luego doy a leer el manuscrito a cuatro personas de mi entorno y se lo envío a mi editora, con la que trabajo principalmente sobre mis «tics» de escritura: demasiados adjetivos, demasiados «pequeño», etc.

¿Cuál de tus libros recomendarías para aquellos lectores que no te conocen aún?

El libro que recomiendo es Le Temps du Voyage: petite causerie sur la nonchalance et les vertus de l’étape (El tiempo del viaje: pequeña charla sobre la despreocupación y las virtudes de los altos en el camino), publicado por Transboréal en París. Es una reflexión sobre mi forma de viajar, ilustrada mediante siete u ocho recuerdos o anécdotas. En él se cuenta por ejemplo cómo me «perdí» Woodstock en 1969 y cómo encontré a Yeruldelgger en 2008. Creo que aún no está traducido al español, pero la colección en que apareció, Petite Philosophie du Voyage, merecería ser editada en todas las lenguas, porque cada libro es una pepita de oro…

Si tuvieras que quedarte con un género literario, ¿cuál sería?

La novela, sin dudarlo. Para mí, sólo cuenta la escritura novelesca, porque pone la intriga y los personajes en el corazón del texto. Lo que a mí me gusta es contar historias, llevar al lector adonde menos se espera. Llegué a la literatura a través de los viajes, de los viajes auténticos, los que no tienen fechas ni destino. En los años 70 emprendí un viaje sin destino que duró veintisiete meses. Ese viaje cambió mi vida.

Papel, ebook, ¿o los dos?

Papel, por el gusto del objeto. El ebook no me interesa en tanto que objeto, pero debo reconocer que como soporte puede ser interesante. Por un momento contemplé la posibilidad de escribir especialmente para el ebook con añadidos de fotos, complementos informativos, mapas y documentos, pero no tardé en comprender que eso mataba la imaginación. Me gusta que los lectores se apropien de mi texto. Por ejemplo, en todos los sitios en los que firmo ejemplares los lectores tienen una idea definida de los personajes. Yeruldelgger, Oyun, Solongo, Gantulga… Sin embargo, prácticamente no los describo. De Yeruldelgger lo único que describo son las manos. De Solongo, el pelo. Lo que me gusta es la magia de la literatura, y la lectura digital podría matarla.

Cuando entras en una librería, ¿qué es lo primero que te gusta hacer?

Mirar cubiertas y contracubiertas, y leer la primera frase de los libros que cojo.

¿Cuál es tu libro de cabecera? Ese que siempre recomiendas.

Cuando escribo no me gusta mucho leer. Demasiado miedo a toparme con una trama estupenda que no se me había ocurrido o un estilo y una forma de escribir que podrían hacerme dudar. Así que leo las treinta primeras páginas de todos los libros que compro y selecciono los que me apetece leer en el futuro, cuando ya no escriba.

¿Y qué título tienes ahora entre manos?

Acabo de terminar una novela que transcurre en Brasil. Una novela negra un poco más literaria e intimista que la trilogía mongola. Y paralelamente trabajo en otro libro del mismo género que se desarrolla en Argentina, desde donde respondo a este cuestionario, así como en el comienzo de una nueva trilogía y en la preparación de una saga histórica.

 

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